Se había pasado toda la
mañana en aquella plaza llena de gritos y pisotones pero lo había logrado. Se
había hecho con los condimentos más adecuados para la noche, y es que tenía muy
claro que un artista necesita el mejor material, sino el resultado puede ser un
desastre. El dolor de pies y la sordera transitoria eran precios a pagar.
Una vez en la
tranquilidad del hogar puso música. Un buen artista necesita inspiración y una
melodía suave tiende a ayudar, por ello, siempre que se dedicaba a la creación
procuraba no estar en un entorno silencioso. A veces dejaba canciones llenas de
ritmo para que sus movimientos fueran acordes con las notas.
Esbozó una sonrisa, cogió
el cuchillo, y antes de poder moverse alguien llamó al teléfono. Odiaba las
interrupciones, pero la aceptó. Fue a ver quien le estaba molestando y por ello
se pasó media hora enganchada a aquella cadena tecnológica. Era una de sus amigas queriendo saber que iban
a cenar, obviamente no dijo una sola palabra que diera pistas.
Al quedar libre volvió a
la cocina, cogió el cuchillo, y empezó su arte. Las verduras frescas debían
tener un corte sencillo, sin cargarlas. Era una comida de verano, por lo que
poco estaría hecho a fuego. Aderezó aquel plato con frutas troceadas y a pesar
de ser algo sencillo, llegó a tardar una hora. La presentación era lo más
complicado, pero a su vez lo más interesante de hacer. Debía quedar elegante,
pero informal.
Mientras, iba preparando
el plato fuerte. No iba a ser precisamente ligero, pero sabía que sus
comensales adoraban la carne al horno. Nunca concretaban, así que había pensado
en alguna carne suave cocinada con vino y varias especies que quedarían
ligeramente tostadas.
En pocos minutos la
cocina se inundo de olores y los platos de colores. Horas de dedicación para
algo que en unos instantes quedaría reducido a un buen sabor de boda y estómagos
llenos.
Preparo dos grandes
fuentes con el primer plato, dejó en la cocina, dentro del horno, la bandeja
con la carne para que no perdiera el calor. Había varias botellas de vino
listas para la ocasión y solo faltaba preparar el postre.
Era con lo que más
disfrutaba. Le gustaba siempre la gama de presentaciones entre las que podía
escoger. Las frutas de temporada eran de
lo mejor, y podían combinarse con la dulce nata recién hecha. Era una de sus
composiciones favoritas y no lo pensó dos veces, sabía que a sus invitados
también les iba a gustar.
En total se pasó más de
cuatro horas en la cocina, pero al ver todo listo no podía sentir otra cosa que
una gran satisfacción.
Cuando llegaron sus
amigos, disfrutaron de la cena, todo era perfecto y reconocieron algo que
muchos saben y pocos dicen; No es fácil ser buen cocinero.
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