miércoles, 3 de febrero de 2016

El arte de la Cocina. No es fácil Ser (parte 10)

Se había pasado toda la mañana en aquella plaza llena de gritos y pisotones pero lo había logrado. Se había hecho con los condimentos más adecuados para la noche, y es que tenía muy claro que un artista necesita el mejor material, sino el resultado puede ser un desastre. El dolor de pies y la sordera transitoria eran precios a pagar.

Una vez en la tranquilidad del hogar puso música. Un buen artista necesita inspiración y una melodía suave tiende a ayudar, por ello, siempre que se dedicaba a la creación procuraba no estar en un entorno silencioso. A veces dejaba canciones llenas de ritmo para que sus movimientos fueran acordes con las notas.

Esbozó una sonrisa, cogió el cuchillo, y antes de poder moverse alguien llamó al teléfono. Odiaba las interrupciones, pero la aceptó. Fue a ver quien le estaba molestando y por ello se pasó media hora enganchada a aquella cadena tecnológica.  Era una de sus amigas queriendo saber que iban a cenar, obviamente no dijo una sola palabra que diera pistas.

Al quedar libre volvió a la cocina, cogió el cuchillo, y empezó su arte. Las verduras frescas debían tener un corte sencillo, sin cargarlas. Era una comida de verano, por lo que poco estaría hecho a fuego. Aderezó aquel plato con frutas troceadas y a pesar de ser algo sencillo, llegó a tardar una hora. La presentación era lo más complicado, pero a su vez lo más interesante de hacer. Debía quedar elegante, pero informal.

Mientras, iba preparando el plato fuerte. No iba a ser precisamente ligero, pero sabía que sus comensales adoraban la carne al horno. Nunca concretaban, así que había pensado en alguna carne suave cocinada con vino y varias especies que quedarían ligeramente tostadas.

En pocos minutos la cocina se inundo de olores y los platos de colores. Horas de dedicación para algo que en unos instantes quedaría reducido a un buen sabor de boda y estómagos llenos.

Preparo dos grandes fuentes con el primer plato, dejó en la cocina, dentro del horno, la bandeja con la carne para que no perdiera el calor. Había varias botellas de vino listas para la ocasión y solo faltaba preparar el postre.

Era con lo que más disfrutaba. Le gustaba siempre la gama de presentaciones entre las que podía escoger.  Las frutas de temporada eran de lo mejor, y podían combinarse con la dulce nata recién hecha. Era una de sus composiciones favoritas y no lo pensó dos veces, sabía que a sus invitados también les iba a gustar.

En total se pasó más de cuatro horas en la cocina, pero al ver todo listo no podía sentir otra cosa que una gran satisfacción.


Cuando llegaron sus amigos, disfrutaron de la cena, todo era perfecto y reconocieron algo que muchos saben y pocos dicen; No es fácil ser buen cocinero.

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