Tensión. Necesitaba más fuerza. Por un momento pensó
que el hilo se rompería, había aguantado ya gran parte de la batalla cuando
llegaron los refuerzos. La ayuda fue escasa en realidad, se basaba en gritos de
ánimo y preparación del material necesario para cuando terminará todo.
"Esta lucha es de
uno contra uno."
Había oído esa frase en
varias ocasiones, y se la repitió aquellas palabras un par de veces, no iba a
olvidarlas.
Clavó los pies en la
arena. Aquella sensación le gustaba. Sabía que iba bien equipado, antes de
salir de casa había confirmado que no le faltaba nada, por lo que no debía
fallar en aquel combate.
Empezó a pensar en todo
lo que había hecho. Montar la caña era algo sencillo, el carrete lo tenía
siempre en su sitio, colocar el anzuelo tampoco era complicado, y como conocía
distintos nudos podía escoger el que consideraba más resistente. Así lo hizo.
Había escogido un buen cebo. Para la costa se usaban distintos gusanos, el que tenía aquel día era
uno, que según expertos, era sabroso aunque él no lo había probado
personalmente y tampoco iba a hacerlo.
Aquella lombriz se retorció tanto como pudo para evitar pasar por el
anzuelo, pero su destino estaba escrito.
Antes de lanzar bebió un
largo trago de agua y relajó los músculos. Debía ser un lanzamiento perfecto,
si daba muy cerca no daría con buenas presas. Ese día no había viento y aquello
era una ventaja. Cuando se encontró listo cogió la caña, se acercó y lanzó.
Siguió el recorrido del
hilo con la mirada y luego esperó. La paciencia era importante, si los peces
debían picar, lo harían.
Hay días en los que debía
esperar más de quince minutos, para un joven pescador aquello era una
eternidad, pero para un veterano aquella sensación era la gloria. Sentir el
olor a mar, escuchar el romper de las olas, notar la arena bajo los pies... sí,
aquello le gustaba. Cierto era que le gustaba más pescar con la balsa, pero
aquel día era de pesca en la playa.
No sabe cuánto esperó.
Vio los tirones en la caña y al momento la cogió, y por ello se encontraba en
ese momento en aquella batalla. Quien tirará más vencería.
Su esposa se encontraba a
su lado, gritaba emocionada esperando que él sacará la pieza más grande del
día. Había preparado un cubo con agua, trapos, tijeras y todo lo que consideró
necesario.
La fuerza no lo era todo,
también necesitaba astucia. Saber cuando debía dan un tirón fuerte, cuando
debía recoger, cuando debía aflojar la tensión... era todo un arte. Y él lo
dominaba. Fueron unos minutos largos, pero llegó el momento en que dejó de
notar resistencia, ya era suyo. Empezó a recoger, su esposa se acercó con un
trapo en las manos para coger el premio.
Era una dorada, una
preciosa y brillante dorada que había luchado por su vida como pocos lo harían,
pero que al fin del día terminaría en el horno de un hogar contento.
Los gritos de júbilo se
oían por toda la playa, había sido una feroz batalla, y él la había ganado. Se
secó el sudor de la frente y observó como su mujer dejaba la dorada en el cubo.
El esfuerzo, la paciencia, la lucha... todo valía la pena. Aquello era una de
sus pasiones, y a pesar de no ser fácil, lo disfrutaba como el primer día.
me gusta lo que escribes,un momento en el tiempo, provocó una buena comida de domingo.
ResponderEliminarPara el pez no fue buen domingo seguramente.
EliminarLa destreza y la paciencia te reporta una buena pieza. Me ah gustado mucho.
ResponderEliminarPero no todos tienen la destreza y paciencia necesaria.
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