miércoles, 8 de abril de 2015

No es fácil Ser aficionado a la pesca ( parte 2)






Tensión.  Necesitaba más fuerza. Por un momento pensó que el hilo se rompería, había aguantado ya gran parte de la batalla cuando llegaron los refuerzos. La ayuda fue escasa en realidad, se basaba en gritos de ánimo y preparación del material necesario para cuando terminará todo.

"Esta lucha es de uno contra uno."

Había oído esa frase en varias ocasiones, y se la repitió aquellas palabras un par de veces, no iba a olvidarlas.

Clavó los pies en la arena. Aquella sensación le gustaba. Sabía que iba bien equipado, antes de salir de casa había confirmado que no le faltaba nada, por lo que no debía fallar en aquel combate.

Empezó a pensar en todo lo que había hecho. Montar la caña era algo sencillo, el carrete lo tenía siempre en su sitio, colocar el anzuelo tampoco era complicado, y como conocía distintos nudos podía escoger el que consideraba más resistente. Así lo hizo.

Había escogido un buen cebo. Para la costa se usaban distintos gusanos, el que tenía aquel día era uno, que según expertos, era sabroso aunque él no lo había probado personalmente y tampoco iba a hacerlo.  Aquella lombriz se retorció tanto como pudo para evitar pasar por el anzuelo, pero su destino estaba escrito.

Antes de lanzar bebió un largo trago de agua y relajó los músculos. Debía ser un lanzamiento perfecto, si daba muy cerca no daría con buenas presas. Ese día no había viento y aquello era una ventaja. Cuando se encontró listo cogió la caña, se acercó y lanzó.

Siguió el recorrido del hilo con la mirada y luego esperó. La paciencia era importante, si los peces debían picar, lo harían.

Hay días en los que debía esperar más de quince minutos, para un joven pescador aquello era una eternidad, pero para un veterano aquella sensación era la gloria. Sentir el olor a mar, escuchar el romper de las olas, notar la arena bajo los pies... sí, aquello le gustaba. Cierto era que le gustaba más pescar con la balsa, pero aquel día era de pesca en la playa.

No sabe cuánto esperó. Vio los tirones en la caña y al momento la cogió, y por ello se encontraba en ese momento en aquella batalla. Quien tirará más vencería.

Su esposa se encontraba a su lado, gritaba emocionada esperando que él sacará la pieza más grande del día. Había preparado un cubo con agua, trapos, tijeras y todo lo que consideró necesario.

La fuerza no lo era todo, también necesitaba astucia. Saber cuando debía dan un tirón fuerte, cuando debía recoger, cuando debía aflojar la tensión... era todo un arte. Y él lo dominaba. Fueron unos minutos largos, pero llegó el momento en que dejó de notar resistencia, ya era suyo. Empezó a recoger, su esposa se acercó con un trapo en las manos para coger el premio.

Era una dorada, una preciosa y brillante dorada que había luchado por su vida como pocos lo harían, pero que al fin del día terminaría en el horno de un hogar contento.

Los gritos de júbilo se oían por toda la playa, había sido una feroz batalla, y él la había ganado. Se secó el sudor de la frente y observó como su mujer dejaba la dorada en el cubo. El esfuerzo, la paciencia, la lucha... todo valía la pena. Aquello era una de sus pasiones, y a pesar de no ser fácil, lo disfrutaba como el primer día.

4 comentarios:

  1. me gusta lo que escribes,un momento en el tiempo, provocó una buena comida de domingo.

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  2. La destreza y la paciencia te reporta una buena pieza. Me ah gustado mucho.

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