Y ahí estaba ella. La música no había cesado en toda la
noche y ella tampoco. Su ritmo era contagioso, aportaba calidez a quienes nos quedábamos
observando sus sinuosos movimientos, delicados y fuertes a la vez pero sin
perder el equilibrio. La ropa que llevaba le acompañaba, la falda volaba a su
paso y se oían los cascabeles de los brazos al compás. Era como si cada
elemento de su cuerpo llevara una danza particular y estuviera en equilibrio
con los demás bailes.
No era especialmente bella, pero todo aquel que iba por
el paseo no podía evitar quedarse viendo aquellos pasos tan bien calculados y
desordenados, la belleza se encontraba en la danza que nos estaba mostrando.
Con cada movimiento expresaba todo lo que deseaba y creaba la curiosidad que
necesitaba para que nos quedáramos más tiempo.
Incluso algunos viandantes se unieron a ella. Los demás aplaudían al
ritmo mientras observaban aquella belleza coreográfica, todos parecían conocer
la danza de la muchacha, todos parecían rebosantes de aquella alegría calmada
llena de fuerza.
Pero yo ya sabía de que se trataba realmente. Era el
poder que tenían aquellos movimientos, el ritmo... todo el conjunto que creaba
esa danza, y sin duda aquello era magia, de las pocas magias que quedan.

Es la atracción por lo que no se me da bien. Me estoy imaginando la música, insinuante, como penetra en mi mente. Algunos conocemos nuestras limitaciones y sabemos que tenemos dos pies izquierdos o derechos.
ResponderEliminarMe conformo con disfrutar de lo inalcanzable para mí…
Nada es inalcanzable con un poco de practica, de todos modos es cierto que hay personas con un don para estas cosas y son las que realmente crean tales sensaciones.
EliminarBien por la bailarina
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