Todo el mundo dice que
los niños son el futuro. Los niños aprenden rápido, son curiosos y se interesan
por todo lo que tienen a su alrededor, y también buscan mil modos de sacar de
quicio a todo adulto que se preste a ayudarles.
Ya me gustaría verles en
la misma situación, en un espacio cerrado con 20 de estos pequeños renacuajos
gritando y peleando por demostrar quien tiene las cuerdas vocales con más
potencia. Una hora es aguantable, pero
cinco... ya es otro cantar.
Hay ciertas personas que
parecen disfrutar del sufrimiento propio, o al menos así lo creen varios, esas
personas en cambio no lo ven como un mal a soportar. Creen realmente que
aquellos niños, algún día afónicos, serán capaces de hacer grandes cosas con el
apoyo adecuado. Por tal creencia, esas personas, luchan día a día para aportar
todo lo que pueda ser de interés y sirva de conocimiento para esos infantes.
Hazte maestro, decían.
Será divertido y ayudarás a los niños, decían. Tendrás todo el verano de
vacaciones, decían.
No se puede negar que tal
profesión es altamente gratificante a nivel personal cuando ves a uno de tus
alumnos haciendo grandes progresos en aquellas operaciones matemáticas con las
que antaño necesitaban hacer dibujos de frutos para dar con la solución. Pero cuando ves las guerras de tizas, los
pupitres por el suelo y los exámenes con aspecto de un Picasso no puedes hacer
otra cosa que preguntarte una y otra vez.. ¿Dónde diablos me he metido y
porqué?
Uno se pasa las tardes
preparando clases, fines de semana corrigiendo exámenes, horas libres ocupadas
en charlas con los padres...Es un trabajo a tiempo completo y aunque la
recompensa tarda en verse, llega.
Al terminar el curso la
respuesta a la pregunta se encuentra. Cada
día que pasa has estado ayudando a los alumnos, enseñándoles, guiándoles en un
camino que van a recorrer durante toda su vida. Sí, de verdad que es un trabajo gratificante,
pero No es fácil ser profesor.
Lo reconozco yo era una niña formal, nada problemática y que no destaco nunca, pero tengo mi memoria impregnada por todo lo que hicieron mis maestros (me gusta más que el termino profesor). Y a mi modo, en mis años de catequesis y como monitora de tiempo libre (durante mucho tiempo) y campamentos de verano incluidos, a alguno espero haberle hecho bien. Una verdad muy cierta, maestros, profesores, educadores, pedagogos, padres siembran y otros recogen la cosecha, pero sabemos que merece la pena. Y esto seguirá pasando…
ResponderEliminarLa única pena es que hay muchos que no lo tienen en cuenta.
Eliminar