miércoles, 14 de octubre de 2015

Operar. No es fácil Ser ( parte 7)




Había un silencio sepulcral. Sus manos estaban manchadas de sangre, al igual que todas las herramientas que había usado. La noche había sido demasiado larga y el resultado impredecible.

Se sentía agotado, como si hubiera subido una montaña sin probar una sola gota de agua. Le hacía falta una buena comida y mucha bebida, seguido de muchas horas de reposo, y aún así no se recuperaría del todo. Sabía que iba a ser un proceso largo y duro.

"Nunca se olvida" Ya le habían dicho que la primera vez sería algo que le iba a marcar, pero tenía claro que las siguientes iban a ser iguales. No s puede jugar con la vida y la muerte, pero en aquel edificio, en salas como aquella, todo dependía de personas como él. No es que decidiera sobre una cosa u otra, todo estaba en sus manos, su habilidad, y el paciente. O eso creían los familiares que esperaban noticias con ansiedad.

Se levantó sintiendo que una gran roca intentaba atarlo a aquella sala. Se quitó los guantes, la mascarilla y se cambio la bata. Presentarse con tanta sangre no sería muy adecuado. Cuando salió las enfermeras entraron para preparar el cuerpo y él se dirigió a la sala de espera, donde más de siete familiares esperaban noticias de la joven chica que había ingresado la noche anterior.

Cogió aire para dar la noticia, era triste. Había hecho todo lo posible, había luchado y suplicado al cuerpo de ella que también lo hiciera. Pero la enfermedad había sido más fuerte.

Cuando los padres se derrumban él intentaba explicar con más detalles el por qué de aquel desenlace, la dificultad de la situación y el reposo que ahora tenía. La joven había suplicado aquel momento, nunca tuvo esperanzas.

¿Habían faltado médicos? ¿los instrumentos no eran los adecuados? ¿ Los medicamentos no habían hecho sus efectos? ¿Faltaba sangre para la transfusión necesaria durante la operación? Eran demasiados factores los que podían afectar y era difícil determinar la verdadera causa, pero nadie quiso hablar más sobre ello. Ella no estaba, era lo único que importaba. Oír los llantos le rompía el alma, pero aquello no podía arreglarlo, en realidad, en ese momento sentía que era incapaz de arreglar nada, había fallado.

La familia se retiró,  en ese instante entraba una ambulancia. Un herido necesitaba una intervención de inmediato y él era el médico disponible. El paciente era un hombre mayor. Le dieron el aviso y suspiró un segundo. Era el momento de seguir trabajando, era el momento de seguir luchando por la vida.

No es fácil ser cirujano. 

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