Jonathan sabía que no se
podía trabajar con un taller sucio, por ello, cada mañana antes de abrir la
tienda repasaba con un trapo humedecido cada rincón de su lugar de trabajo. Con
otro trapo se aseguraba de que cada frasco estuviera reluciente, y con una
escobilla limpiaba los moldes y la mesa.
Era como un ritual que
debía hacer cada día, y aquello le hacía pensar muchas veces en el pasado,
concretamente en ese día donde su vida cambio de un modo demasiado inesperado.
En cierto modo estaba de acuerdo con aquel modo de vida, a él no le perjudicaba
y tras tanto tiempo apenas le importaban las consecuencias de su trabajo.
Hace 75 años.
-¿Usted es el doctor del
que tanto hablan?
-Depende de lo que haya
escuchado caballero.
Jonathan estaba limpiando
sus instrumentos tras haber hecho una larga operación con nefastos resultados.
La consulta estaba bastante sucia y era lamentable que un posible paciente o
familiar la viera en aquel estado, pero los guardias que custodiaban aquel
edificio decidían quien entraba y cuando, por lo que no estaba en manos del
buen doctor decidir quién veía la consulta ni en qué momento.
Se giró con cierto
interés para ver el rostro del hombre que había preguntado por él. Era un señor
de avanzada edad, seguramente con problemas de espaldas debido a la curvatura
de la misma. Era delgado y tenía un cabello canoso bastante largo pero
arreglado, al igual que una barba perfectamente cuidada. Era delgado y vestía
un traje de lo más elegante, era extraño ver a alguien vestido de aquel modo en
aquel lugar. No parecía asustado o asqueado por la sangre que salpicaba las
paredes, el instrumental ni las ropas del doctor.
-He oído que usted está a
favor de experimentar con humanos, y que por ello le mantienen aquí encerrado
sin permitirle tratar correctamente a los pacientes. Solo le entregan aquellos
que están destinados a morir por haber cometido los perores crímenes.
-En cierto modo ha oído
bien, pero ¿alguien le ha hablado de mis avances?
-Sí, sé que gracias a
usted se puede implantar una pierna artificial a aquellos que la hayan perdido,
y que pueden andar con total normalidad. Me preguntaba cómo ha conseguido tal
proeza.
A Jonathan le apasionaba
hablar de aquello, así que mientras seguía con la limpieza de sus instrumentos
le explicó a ese hombre sobre el uso de la magia en la medicina moderna. El
extraño escuchó todo con atención e iba alabando el trabajo.
-¿Le gustaría poder
trabajar fuera de este entorno tan.. hostil? Usted tiene un don y aquí
encerrado no se puede potenciar.
-Le escucho.
Terminó de limpiar los
instrumentos y cogió un trapo para limpiar la mesa y las paredes, no quería
quedarse quieto mientras hablaba con aquel hombre pero le prestaría toda su
atención. No le molestaba trabajar ahí, vigilado por los guardias, pero sus
suministros de magia eran limitados en ese lugar, por lo que cualquier
propuesta de una mejoría de su situación era bienvenida.
-Quiero que trabaje para
mí. Le daré unas herramientas que podrán ayudarle a acceder al material y
tendrá importantes encargos, para realizarlos deberá vivir varios años en la población
que le indique, dentro de la misma puede vivir donde desee.
-Es tentador, me está
ofreciendo mucha más libertad de la que tengo ahora mismo.
-Siempre y cuando cumpla
con las tareas que le dé. Necesitaría sus servicios durante mucho tiempo, por
ello le concedería una magia que le otorgaría longevidad.
-¿Es usted un feerum? Tal
poder solo puede proceder de alguien nacido de la magia.
-No, pero algo parecido.
-Acepto el trabajo, no
tengo nada que perder. - El doctor miró a su alrededor, la sala aun estaba
sucia, pero un poco menos. - Estar aquí no deja de ser asfixiante, será
gratificante cambiar de aires.
El hombre sonrió y le tendió
la mano, el doctor no dudo, se lavó las manos y aceptó aquel signo que era un
contrato. Al momento sintió un pequeño calambre en el brazo. Jonathan miró al
hombre extrañado y mientras su visión se nublaba el hombre empezó a sonreír con
cierta satisfacción.
Al despertar Jonathan se
encontraba a las afueras y a su lado un maletín. Lo abrió y vio varios
instrumentos de cirugía junto a una pequeña libreta. Empezó a leer y ahí pudo
ver los detalles de aquel trabajo.
Aquellas herramientas
eran mágicas, se podían manipular
extraños ingredientes que debería usar para fabricar muñecos y darles vida. Lo
último que había escrito era la ubicación donde debería empezar a realizar ese
trabajo. Era algo simple, debería hacer varias pruebas antes de hacer un muñeco funcional ya que las
instrucciones para la fabricación eran escasas, pero el proyecto era muy
interesante para Jonathan.
El hombre cogió el
maletín y empezó el camino hacia aquella población.
Actualidad.
Terminó de limpiar,
estaba todo listo. Subió a la parte de la tienda y puso el cartel de
"abierto".
Llevaba en ese pueblo
veinte años y sabía que pronto le darían otro lugar al que ir. Sabía también
como iba a terminar aquella población, pero había dejado de importarle, aquello
era el precio de su libertad.

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