Debía ser perfecto. Ella
tenía muy claro que los trabajos a medias eran horribles, y estaba dispuesta a
dedicarle todo el tiempo del mundo. Las manualidades no siempre se le dieron
bien, pero con el paso de los años y la práctica era prácticamente como el
mejor de los artistas. Solo necesitaba el material adecuado y una idea base.
Tela, cartón, pinturas,
accesorios... todo estaba a su disposición y no dudaba en abusar de ello. Tenía
una idea clara, en su escritorio se encontraba aquella imagen, ese personaje
era perfecto. Sus facciones eran parecidas, el pelo distaba bastante pero para
ello había adquirido una peluca de la mejor calidad que había cepillado durante
horas para que quedara perfecta. El
físico era similar, y las ropas, relativamente fáciles de confeccionar.
Iba a poner en práctica
todo lo aprendido aquellas emocionantes tardes con su abuela. Hilo y aguja en
mano, tijeras a un lado y patrones en otro, empezó a hacer aquel traje que tan
bien debía quedar. Primero la zona central, el busto, luego seguiría con las
mangas. La falda iba a parte, pero debía parecer que se fusionaba con aquella
blusa, efecto que conseguiría con un cinturón adecuado.
Todo aquello era
sencillo, lo complicado era hacer las armas. Llevaba un báculo de buen tamaño,
necesitaba una vara adecuada y cartón para hacer el acabado. Primero debía
hacer los bocetos, pensar como darle volumen a tan magnífica arma. Cortar bien
cada pieza para luego unirlas como debían encontrarse y por último pintarlo
para darle un poco de realismo.
El resultado siempre era
impresionante, dedicarle varias semanas
merecía la pena, y ella estaba convencida de que el día en que lo
llevará, los demás también pensarían que había valido la pena. A pesar de hacerlo por ella misma, porque le
gustaba, también se sentía bien al mostrar su trabajo, era una muestra de su
mejoría desde las primeras veces. Cada año se parecía más al personaje
escogido.
Para finalizar todo aquel
trabajo de semanas quedaba el maquillaje.
Muchos de los personajes que vestía llevaban tatuajes, o tenían los ojos
más marcados, o tenían cicatrices...eran detalles que solo podía conseguir de
un modo. Para mejorar se había comprado el mejor maquillaje del mercado y había
estudiado cada marca que tenían esos personajes en la piel.
Cuando todo estaba listo
podía decirlo llena de orgullo, cada año se superaba a ella misma, era un reto
personal que la animaba a seguir, y ponerse en la piel de aquellos personajes
que tanto adoraba era como un honor.
No es fácil ser
cosplayer.

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