En la puerta estaba
aquella mochila vieja de cuero. No llevaba mucha cosa dentro, un estuche con
distintas herramientas, un par de cajas con tornillos, tuercas, clavos y otros
pequeños repuestos que pensó que podrían serle útil algún día. También llevaba
un viejo diario, confiaba en que ese diario le ayudase durante el viaje, era la
única pista que tenía. Los bolsillos
también estaban llenos, y en una de las correas había un pequeño dragón
mecánico enrollado. Al lado de la
mochila había un pequeño fardo hecho con tela marrón, encima de este, una
carta.
La casa estaba vacía,
solo estaba ella, los demás habían preferido irse para no alargar la despedida.
Todo lo que debían decir ya se había dicho la noche anterior, suficientes lágrimas,
lamentos y quejas. Ella ya estaba decidida y nada iba a detenerla. Su padre le
había repetido varias veces que era una locura, que no encontraría nada, pero
ella le respondía que sus palabras tan solo estaban cargadas de temor. Sabía que él nunca había salido del pueblo, y
solo se aventuraba al mar, era un hombre conformista y sin curiosidad por el
mundo. Era una parte de su padre que detestaba.
Empezó a ir por toda la
casa, por cada una de las habitaciones recordando los buenos momentos en esa
casa. La habitación de su hermana, donde
habían retales de telas por todas partes, era también su taller de costura.
Había vestidos sin terminar y patrones en la mesa. Se encontraba todo en un curioso orden entre
todo el mar de colores y tejidos. Estar en esa habitación siempre le aportaba
tranquilidad. La siguiente era la suya. Había un par de estantes llenos de
libros. Un escritorio con esquemas y
poco más. La cama era muy sencilla, era lo único que aportaba algo de color ya
que las sabanas habían sido decoradas por su hermana.
Pensó que tenían suerte
de poder tener varias habitaciones, aquella casa era lo único que les había
dejado su abuelo, y se podría decir que era el único lujo que conservaban.
No entro en la habitación
de sus padres, nunca lo hacía, era un lugar especial para ellos, donde tenían
su intimidad y consideraba que debía
respetarse. Cuando fue al comedor pensó en bajar al sótano, ese era su taller,
su lugar sagrado, donde creaba todo aquello que se le ocurría. Ahora mismo el
taller tenía las pocas herramientas que no se llevaba y algunas de sus
creaciones que no estaban completadas o que consideraba que no iban a servirle
mucho.
Empezó a oír voces. Ya
volvían. Estaban llegando por la puerta trasera, pues era la que daba a la
posada donde habían ido a desayunar. En su rostro se dibujo una leve sonrisa
nostálgica. Fue hacía la puerta principal, no podía quedarse más tiempo, sino
sabía que no partiría nunca.
Cogió la mochila y el
fardo y salía por la puerta. Se aseguro de llevar sus armas y que el pequeño
dragón mecánico estuviera bien agarrado. Miro hacía el camino, su primero
objetivo era la ciudad más próxima, Thaledin, llamada también como la ciudad en
las Sombras a causa de los grandes árboles que habían por todas las calles, los
cuales no dejaban que la luz del sol llegará a iluminar. Había marcado en un
mapa todas las ciudades importantes que deseaba ver simplemente por conocer
mundo, Thaledin iba a ser solo el principio.
Empezó a andar, sabía que
no debía detenerse ni mirar atrás. Debía seguir el camino de la izquierda, ese
iba directamente hacia las montañas, en dirección contraria al mar, donde se
extendía un poco más el pueblo. Pasaría
por delante de un par de casas, pero nada más. Nadie del pueblo la vería
partir. Se entraría entonces por las montañas, debía cruzarlas y detrás estaba
la ciudad. Calculaba que serían tres días de camino si hacía pocos descansos.
Confiaba también en encontrar algún carro mercante, o uno de esos automóviles
tan nuevos que solo podían permitirse aquellos que tenían tanto dinero como
para comprar un pueblo entero.
A medida que avanzaba
podía oír a su padre diciendo que iba a dar con aquello que buscaba, a su madre
repitiéndole que se cuidará, que comiera bien y que si le pasaba algo volviese
a casa lo antes posible. También oía a su hermana, que con una sonrisa le
deseaba un buen viaje lleno de sueños cumplidos.

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