Había sido un gran día
hasta llegar a casa. Una agonía empezó a crecer en su pecho pasados los quince
minutos desde que había intentado conectarse a internet desde el ordenador. La
primera vez había pensado que quizá no tenía algo bien conectado, por lo que
había dedicado un tiempo en revisar todos los cables.
Al ver que seguía sin
conexión apagó el router y volvió a encenderlo a los pocos segundos. Aquello
debía funcionar, pensó. Era como se resolvían prácticamente todos los problemas
de aquel estilo. Pero siguió sin poder navegar por internet.
Quizá debía darle un
descanso al router, era un aparato electrónico que se calentaba con facilidad,
por lo que podría esperar media hora mientras limpiaba los platos.
Aquella espera le resultó
larga y tediosa, no por la terea que estaba realizando, sino porque pensaba en
las cosas que se estaba perdiendo. El avance en los juegos, las conversaciones
con los amigos en el chat, la lectura de los correos electrónicos, las noticias
que veía por las redes sociales...eran demasiadas cosas y aquello le iba
consumiendo poco a poco.
Cuando terminó aquella
horrible tarea fue corriendo a probar de nuevo. Seguía sin poder conectarse.
Había llegado el momento
de llamar a su compañía, pero fue tan solo para confirmar lo que tanto temía.
Había una incidencia en la zona e iban a tardar unas horas. El teleoperador le
explicó que los técnicos ya sabían cuál era el problema, estaban trabajando en
ello pero no sabían cuando estaría el servicio restablecido.
Dejó el teléfono móvil a
un lado mientras pensaba en aquellas horas muertas, se sentía abandonado,
incomunicado, como si una parte de él hubiera sido cruelmente mutilada. Miró su
habitación si saber qué hacer, tenía una televisión que solo acumulaba polvo,
libros que ya había leído más de tres veces y juegos de mesa variados que sin
duda, no iba a tocar. También podía ordenar todos los apuntes que tenía de cuando
estudiaba, o doblar ese montón de ropa limpia que se encontraba encima del
sofá.
La mejor opción sería
quedar con los amigos, pero estos se encontraban en los juegos online y no iban
a salir de ahí, por lo que iba a ser una tarde larga, aburrida y desesperante.
Realmente, pasados unos veinte minutos desde la mala notica, empezó a
plantearse ir a la ciudad más cercana para intentar conectarse desde ahí.
Necesitaba entrar en la línea, y el no poder le consumía lentamente.

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