Estar muerto tampoco era
muy desagradable. No sentía picores, ni dolores, tampoco tenía la necesidad de
ir al baño. Recordaba que en los últimos años debía ir cada quince minutos,
algo molesto y pesado.
Terminó aquel test basado
en su vida, no había un solo error, por lo que cuando lo revisaron le
confirmaron que su alma no había suplantada. Ella los miró sorprendida, no le
decían nada nuevo y aun no sabía nada de su merecido descanso.
La llevaron al exterior
de aquel extraño edificio lleno de despachos. Era un gran jardín, realmente
precioso con flores de todos los colores y arboles que parecían rozar las
nubes. Aunque aquello era extraño, ya que si estaban en el cielo, debía estar
entre nubes, no bajo ellas.
-Deberá esperar a que le
llamen para el juicio, últimamente tardan un par de días.
-¿Ahí veré a la muerte
entonces?
-Depende de si cuando
llegué su turno es su hora del descanso o no. En sus horas de descaso le sustituye
una de las Primeras Almas Santas.
-No me parece un sistema
muy correcto, cuando uno se muere espera que al menos le atiendan como es debido.
-Lo entendemos
perfectamente, puede poner una reclamación en la mesita del té de la terraza azul,
aunque esta situación no es algo que nos agrade, en las últimas décadas ha
habido un aumento del trabajo...
Miró a su alrededor,
realmente había mucha gente esperando en aquel jardín. Algunos paseaban, otros
se habían quedado tumbados, algunos comían en las terrazas, incluso había un
pequeño lago donde los más atrevidos se bañaban. No parecía que tuviera que
aburrirse al menos.
-María Dolores Trebi
Lorent entre por la puerta azul.
La voz por megafonía
llegó a escucharse por todas partes. Una mujer de gustos refinados que se
encontraba en una de las terrazas dejó de comer un pastel de fresas para ir a
la puerta indicada. Al momento, alguien recogió la mesa donde ella se había
sentado.
-Quedan tan solo tres mil
setecientas treinta y siete personas, no se preocupe, la llamarán rápido.
La mujer se fue por donde
habían venido, pronto recogería a otro fallecido y lo llevaría a aquel jardín
para darle la gran noticia, había que esperar para que alguien decidiera que
hacer con su alma. Al menos había la certeza de que el cuerpo terrenal iba a
servir de abono y aquello era algo productivo.
-Al menos ahora tengo
tiempo para hacer cola...
-Ahora dice... cuando
entremos ahí nos dirán si tenemos que ir a otra cola, por lo visto ahora hay
demasiadas almas en el descanso y muchas de ellas son enviadas a la
reencarnación, y para ello hay que esperar a que hayan nacimientos. Luego están las almas condenadas a trabajos
forzados, ya no existe eso del cielo y el infierno... yo solo espero que no me
toque trabajar al lado de la fotocopiadora, cuando se estropea toca copiar
todos los documentos a mano.
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