El tiempo no es igual
cuando estás muerto. Sabes que no vas a llegar tarde porque realmente no tienes
que ir a ningún lado en particular. Y en aquel momento ella solo tenía que
esperar a que le llamaran, estaba haciendo cola, por lo que tarde no llegaría.
Aquel jardín era
precioso, pero había pocas cosas entretenidas que pudiera hacer. Por ello se dedicó simplemente a pasear de un
lado a otro.
Llegó a escuchar muchos
nombres, pero no el suyo. Y sin saber cuánto
tiempo había pasado decidió sentarse en el primer banco que encontró. Al lado había otro con un hombre que la miró
con una sonrisa.
-¿Cuanto llevas
esperando?
Ella le miró confusa, no
sabía cómo controlar el tiempo ahí, no había visto un solo reloj, tampoco había
notado un cambio en la luminosidad, no había tenido hambre ni sueño, así como
no le había hecho faltar atender a otra clase de necesidades.
-Yo llevo esperando
quince mil, doscientos treinta y siete nombres.
-¿Tantos?... a mí me han
dicho que quedaban menos...
-Es posible, el orden no
es por quien llega primero, sino por quien se ha portado mejor. Yo debo haber
sido muy malo a ojos de la Muerte.
-Pero ¿no debería
entonces castigarte?.. sin intención de causarte mal..
-No te preocupes, te
entiendo, pero para algunos es una tortura esperar en este sitio. He visto
algunas almas que han llegado a enloquecer. Algunos creen que la espera es para
ponernos a prueba.
-No le veo mucho sentido...
y oye, ¿alguien sabe que va a suceder luego?
-Se escuchan muchas
cosas, pero no confíes en lo que te hayan dicho. Los becarios dicen lo que
deben decir según el protocolo, pero es probable que no tenga nada que ver con
eso.
-Ya veo, mala información
al cliente. No es una novedad.
"Federico Lonja
Martín, pase por la puerta negra"
-Vaya, un golpe de
suerte, ya me toca. Espero que pronto te llamen.
El hombre se levantó con
una sonrisa y dio media vuelta. Curiosamente ahí se encontraba la puerta,
aunque antes en su lugar había un bonito lago donde los patos nadaban. No había
ni rastro del lago y de los patos. En su lugar hacia un camino de piedras
oscuras que conducían a una puerta del mismo color, rodeada por flores muertas.
Ella pensó que si debía pasar por una puerta como aquella era preferible que no
la llamaran. Por otro lado pensó en la
conversación. Aquel hombre había calculado su estancia según la cantidad de
nombres que había oído, en cambio ella no se había preocupado lo más mínimo por
aquel detalle, realmente tenía toda la eternidad por delante y no hacía falta realizar
esa clase de cálculos.
Realmente, aquella espera
podía ser una tortura, sobre todo para aquellos que intentaban calcular el paso
del tiempo.

el tiempo es oro
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