miércoles, 20 de enero de 2016

Tiempo. Historia de "Allá" (4)




El tiempo no es igual cuando estás muerto. Sabes que no vas a llegar tarde porque realmente no tienes que ir a ningún lado en particular. Y en aquel momento ella solo tenía que esperar a que le llamaran, estaba haciendo cola, por lo que tarde no llegaría.

Aquel jardín era precioso, pero había pocas cosas entretenidas que pudiera hacer.  Por ello se dedicó simplemente a pasear de un lado a otro.

Llegó a escuchar muchos nombres, pero no el  suyo. Y sin saber cuánto tiempo había pasado decidió sentarse en el primer banco que encontró.  Al lado había otro con un hombre que la miró con una sonrisa.

-¿Cuanto llevas esperando?

Ella le miró confusa, no sabía cómo controlar el tiempo ahí, no había visto un solo reloj, tampoco había notado un cambio en la luminosidad, no había tenido hambre ni sueño, así como no le había hecho faltar atender a otra clase de necesidades.

-Yo llevo esperando quince mil, doscientos treinta y siete nombres.

-¿Tantos?... a mí me han dicho que quedaban menos...

-Es posible, el orden no es por quien llega primero, sino por quien se ha portado mejor. Yo debo haber sido muy malo a ojos de la Muerte.

-Pero ¿no debería entonces castigarte?.. sin intención de causarte mal..

-No te preocupes, te entiendo, pero para algunos es una tortura esperar en este sitio. He visto algunas almas que han llegado a enloquecer. Algunos creen que la espera es para ponernos a prueba.

-No le veo mucho sentido... y oye, ¿alguien sabe que va a suceder luego?

-Se escuchan muchas cosas, pero no confíes en lo que te hayan dicho. Los becarios dicen lo que deben decir según el protocolo, pero es probable que no tenga nada que ver con eso.

-Ya veo, mala información al cliente. No es una novedad.

"Federico Lonja Martín, pase por la puerta negra"

-Vaya, un golpe de suerte, ya me toca. Espero que pronto te llamen.

El hombre se levantó con una sonrisa y dio media vuelta. Curiosamente ahí se encontraba la puerta, aunque antes en su lugar había un bonito lago donde los patos nadaban. No había ni rastro del lago y de los patos. En su lugar hacia un camino de piedras oscuras que conducían a una puerta del mismo color, rodeada por flores muertas. Ella pensó que si debía pasar por una puerta como aquella era preferible que no la llamaran.  Por otro lado pensó en la conversación. Aquel hombre había calculado su estancia según la cantidad de nombres que había oído, en cambio ella no se había preocupado lo más mínimo por aquel detalle, realmente tenía toda la eternidad por delante y no hacía falta realizar esa clase de cálculos.


Realmente, aquella espera podía ser una tortura, sobre todo para aquellos que intentaban calcular el paso del tiempo.

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