Muchos gritan cuando
están furiosos, pero no saben que el tono de voz que realmente tiene poder, es
el susurro.
Son aquellas palabras
apenas inaudibles las que llegan al corazón para infundir valor o temor. Las
que mejor transmiten el amor, pues acarician los sentidos para hacer comprender
la ternura imposible de explicar con simples letras en el tono que se usa para
conversar.
Las musas cantan sus
melodías solo para los oídos de sus artistas y lo hacen con susurros para que
sean los únicos capaces de oírlas y sentir su inspiración. Saben de la magia
que transmiten y son cuidadosas con sus destinatarios.
Los sanadores alivian los
daños de sus pacientes con breves frases bien calculadas, solo para los
enfermos que sufren y necesitan descansar.
Padres y madres susurran
a sus hijos instrucciones que nunca olvidarán, pues son aquellas las que
perduraran en sus memorias con el paso del tiempo. Lecciones sinceras,
especiales para los pequeños, quienes pueden creerse señores de un gran
secreto.
Pero no solo sirven para
buenas obras, pues las palabras envenenadas también se pronuncian en voz baja.
No desean malgastarse en victimas innecesarias.
Para ofrecer temor y
amenazas, mostrar seriedad y fortaleza ante el enemigo, certeza en el
significado de lo dicho. Nada puede ser más aterrador que un susurro por la
espalda, como un dardo afilado que corta el viento para llegar al cuello de su víctima
con la ponzoña.
¿Cuántos caminos son conducidos
por un mismo elemento? Son tan dispares, un mismo acto, tantos objetivos,
saber usarlo adecuadamente es todo un arte bien complejo, pero útil.
Capaz de manipular
sentimientos, ofuscar mentes, crear alegría donde solo había pesar. Cuan
inmenso poder en algo tan pequeño como un simple y sencillo...susurro.
Interesante, me gusta leer lo que escribes
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